lunes, 12 de marzo de 2012

5 x 5

Hace unas semanas estaba bajo de ánimos y un amigo me pasó un vídeo. A raíz de verlo me di cuenta de algo que ya conocía pero que no había valorado lo suficiente. Oportunidades. Y por ello surgió esta entrada.

Hace un par de años, volviendo de la facultad me monté en el tren y vi a mi amiga Bea, de mi ciudad, que hacía mucho tiempo que no veía. Comentando que tal nos iban los estudios me contó que había una nueva biblioteca que si quedábamos juntos para ir esa misma tarde. Acepté.

Una vez en la biblioteca, a la hora de descansar, Bea me presentó a cinco compañeros suyos de clase: Alex, Laura, Rebeca, María y Lucía. Dos de ellos, Alex y María, hacían una fiesta ese mismo fin de semana, para recaudar fondos para su viaje de fin de curso y me propusieron ir. Dudé un poco, pero al final me apunté a la fiesta.

Cuando llegó el sábado quedé con Bea para ir al a fiesta, una vez allí nos reunimos con Alex, María y sus demás amigos. Fui a la barra para pedir algo de beber y había mucha gente. Una chica con su amiga, comentaban que había una cola tremenda para pedir y que iban a ir a la otra barra. Les pregunté que dónde estaba la otra barra, ya que era la primera vez que iba a ese local y ellas amablemente me ofrecieron a ir juntos. Les dije que si. Nos presentamos. Se llamaban Julia y Rocío. Una vez en la nueva barra se nos acercaron 3 chicos, dos de ellos eran novios de mis nuevas conocidas, Ramón y Juan, y el tercer chico se llamaba Roberto. Nos conocimos y entablé buena relación con él y nos intercambiamos los números de teléfono para vernos otro día.

A los pocos días Roberto me llamó y me propuso que quedáramos para tomar algo. Le dije que si. Fuimos a un pub. Al terminar dimos un paseo y de vuelta a casa nos encontramos con un grupo de amigos suyos: Sonia, Blanca, Pedro, Luis y Raúl. Comenzaron a hablar. Uno de ellos, Pedro, comentó que en su nuevo trabajo, un restaurante, necesitaban un camarero urgentemente. Roberto me miró, porque cuando estábamos tomando algo le comenté que buscaba un trabajo temporal en alguna tienda o restaurante. Hablamos y acabé haciendo una entrevista para aquel puesto de trabajo y me lo dieron.

En mi primer día de trabajo me presentaron a los demás compañeros de trabajo: Manu, Pablo, Carlos, Jesús y Marta. Marta y Carlos eran novios y empezamos a llevarnos muy bien. Tanto, que me propusieron que fuera con sus amigos una noche a un pub a tomar unas cervezas. Me apunté.

Esa noche, conocí a todos sus amigos, Carlota, Ismael, Mayte y Javi. Una vez en el pub, cada uno pagaba una ronda. Después de un par de ellas, me levante yo a por la siguiente. Una vez en la barra me atendió un camarero, muy simpático. Le di el dinero de las cervezas y al darme el cambio me dio un billete y dentro había un papel. No lo abrí hasta que llegué a la mesa. En él estaba su número de teléfono y su nombre, Dani. Sonreí, pero no hice nada más.

Al día siguiente vi en mi mesa el número de teléfono y dudé en llamarle o no. Lo hice y quedamos.

Dani y yo congeniamos super bien y empezamos una relación.

Dos años después seguimos juntos.

Todas estas oportunidades surgieron de otras oportunidades que yo mismo acepté y permití que pasaran. Conocí a 25 personas y gracias a ellos encontré ciertas oportunidades importantes en mi vida. Creo que está claro lo que quería transmitir. Oportunidades.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Aconsejar o desaconsejar



Pedir consejo es algo muy frecuente. Supongo que todos hemos sido aconsejados alguna vez por alguien y también habremos estado en el papel de consejeros de algún amigo o conocido. Pedir consejo es muy sencillo, la dificultad viene en saber aplicarlo correctamente o no.

¿Qué es un buen consejo? ¿Apoyar la idea que la otra persona te expone o realmente indagar y descubrir lo que esa persona quiere que le aconsejes pero no se atreve a decir por miedo?

Personalmente yo prefiero un consejo que me haga descubrir lo que verdaderamente quiero hacer y que me apoyen aunque sea una locura, sabiendo los pros y los contras de tomar dicha decisión.

Pienso que no hay una opción correcta, solamente un receptor que tiene que saber desechar consejos y quedarse con los que le apetece. Pero toda la responsabilidad cae en el que reclama la opinión de alguien, porque en él está la decisión de hacer o no lo que le han aconsejado.

Aunque en cierta manera cuando me piden consejo me siento una pequeña parte responsable y me pregunto: ¿Estoy aconsejando o desaconsejando?

jueves, 1 de marzo de 2012

Media naranja podrida


En “El Banquete” de Platón averiguamos la verdad sobre el mito de la media naranja. Desde tiempos muy lejanos se ha creído en la idea de que somos una mitad y necesitamos otra mitad para ser un completo yo, absoluto, independientemente del sexo de unión y ayudados por los dioses para obtener placer una vez unidos.

En la actualidad parece absurdo pensar en la existencia de solo una persona perfecta para ti, un único ser humano que encaja a la perfección contigo. Pero… ¿Y si es cierto? ¿Y si solo podemos amar a una persona y las demás no encajarán nunca contigo?

Supongo que no resultaría un problema si no llegas a conocer nunca a tu otra mitad, si no compartes con ella la parte de ti que la complementa y si no la pierdes luego. Pero imagino que será horrible conocer a esa persona, a esa media naranja, comprobar que es ella y luego dejarla marchar. Entonces es cuando tu mitad se pudre y no consigue encajar nunca con otra mitad.

Yo por suerte nunca creí en las medias naranjas.