martes, 17 de abril de 2012

Trátame como a un extraño


No hables más de la cuenta, no decores tus frases con florituras ni engañes más de lo debido. No me conoces pero mírame como si lo hicieras, quiero sentir tu respiración como si fuese la mía, como si resollásemos juntos desde hace muchísimo tiempo.

Pero mañana, nuestro tiempo se acabará. Cuando nuestras miradas se crucen finge que no me conoces, no la sostengas más de tres segundos. Que mi olor no te recuerde a nada, que tu mente no te lleve a los momentos que hemos vivido. Porque yo no recordaré nada. Mi corazón no se agitará más de la cuenta y mi respiración seguirá estable.

Hoy, haz como si me conocieras.

Mañana, trátame como a un extraño.

domingo, 8 de abril de 2012

Operaciones matemáticas controvertidas


La capacidad para afrontar los distintos problemas que ocurren en tu vida diaria siempre me pareció un síntoma de madurez.

Absolutamente todos tenemos problemas, de algunos los conocemos todos y de otros no conocemos ni la mitad, pero aunque no lo digan, los tiene o los habrá tenido. Y es así, todos somos humanos.

Todos hemos pasado, cuando éramos pequeños, por esas clases de matemáticas donde nos enseñaban un tema y al final teníamos una lista de problemas que valoraban si verdaderamente habíamos aprendido bien la teoría. Aunque pareciera aleatorio, todos los problemas se resolvían de la misma manera: sacabas los datos, los apuntabas, planteabas de que trataba y utilizabas alguna fórmula para resolverlo. Muchas veces había datos ocultos, fórmulas que teníamos que deducir de otras fórmulas, problemas complicadísimos o problemas sencillísimos, pero con una cosa en común, para llegar a la solución, todos había que plantearlos de la misma manera. Finalmente a la hora del examen había gente que había estudiado muchísimo y sacaba buena nota, otra gente que también estudiaba mucho y suspendía, otros que no estudiaban y seguían a estos últimos y gente que sin saber como, sin estudiar, sacaban un magnífico 10.

Y todo esto me recuerda al día a día. Muchas veces no sabemos abordar un problema, pero te sientas, piensas y planteas la manera de solucionarlo. Tal vez la primera vez te salga mal, la segunda regular, la tercera bien y la cuarta genial. Y de eso se trata. De madurar tus propios problemas y sus posibles soluciones. Con el grado de experiencia adquirido tras varios duros exámenes de problemas matemáticos consigues, sin sorpresa, solucionar lo que tiene solución.

Lo que no puedes pretender es intentar resolver tus problemas correctamente diciendo que multiplicando dos por dos obtienes sesenta.

lunes, 2 de abril de 2012

Coleccionista de historias



Coleccionar cosas puede ser algo tedioso o algo divertido, supongo que dependerá de la persona y también de la importancia que le des a lo que colecciones.

Desde pequeño me gustó coleccionar cosas. Cuando tenía 7 u 8 años guardaba todos los folletos de información que veía en cualquier tienda, museo, farmacia… fuera cual fuese la temática, yo me hacía con él y lo clasificaba en una caja, según su tamaño. Lo que verdaderamente me gustaba de coleccionar folletos, no era el folleto en si, ni la información que contuviese, sino recordar el día que pasé por el lugar donde cogí ese folleto y de esa manera mi mente se transportaba al día preciso y recordaba toda la historia que había vivido ese día, tal vez no había hecho nada interesante que recordar, pero me ponía contento ser capaz de recordarlo.

Pasó el tiempo y dejé de coleccionar folletos, demasiado aparatoso. Decidí centrarme en escribir lo importante de cada día en una especie de diario. Como siempre me gustó mucho escribir, pude rellenar enésimas páginas sin cansarme y sin contar nada realmente interesante, salvo unos pocos días en los que verdaderamente contaba historias dignas de ser escritas. Poco a poco fui dejando de escribir a diario y decidí solo escribir días puntuales donde me pasaran cosas que necesitara expresar y con el paso del tiempo volviera a leerlas y me diera cuenta de como actué en esa ocasión y qué era lo que sentía.

Y ahí empezó todo. Ahí empecé a coleccionar historias. Todas las historias que han afectado a mi vida, todo comienzo, final, etapa, transición, decepción, alegría… todas esas historias las tengo guardadas aparte de en mi mente, en papel. Pero no relatadas tal cual, sino despiezadas, retocadas y sintetizadas de manera que con tal de leerlas vuelva a sentir lo que sentí aquella vez, rebobinar y volver a ver esa escena y que mi corazón palpite de la misma manera que ya palpitó.

Lo que más me gusta de coleccionar historias es aprender de todo lo que ya hice una vez y ver que pasó por mi cabeza en aquel momento. Aunque lo más divertido de esta colección es arriesgarse a vivir todo lo posible, para poder completar muchísimas páginas J